La Moneda

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Imagen: Gobierno de Chile.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Sudamérica: continuidad sobre cambio

Hoy es el balotaje presidencial en Uruguay. La fórmula de Vásquez y Sendic, representantes del oficialista Frente Amplio, se medirán contra Lacalle Pou y Larragaña, del Partido Nacional. Vásquez –presidente de Uruguay entre 2005 y 2010– se vio favorecido en la primera vuelta, al obtener el 47.8% de votos; marcando una amplio margen de distancia respecto a Lacalle Pou, que tuvo la segunda mayoría con 30.9%. Los resultados electorales también le otorgaron mayoría simple al Frente Amplio en la Cámara de Diputados (50 de 99 escaños) y el Senado, donde lograrán 16 escaños de 30 si Sendic es electo vicepresidente.

La jornada electoral no debería culminar con sorpresas. Las principales encuestadoras del país pronostican un cómodo triunfo del Frente Amplio. Cifra le otorga 52.2%, Factum 52% y Equipos 53%. Los resultados confirmarían el predominio del Frente Amplio sobre sus rivales político-electorales, que ha gobernado desde 2005 y, si las predicciones resultan ser certeras, debería mantenerse en el poder hasta 2020.

A pesar de su interés particular, la elección en Uruguay ocurre dentro de una serie de procesos regionales de mayor magnitud. Esto se debe a que hoy no solamente constituye el día en que los uruguayos eligen a su Ejecutivo, sino que la fecha también marca el término de un nuevo ciclo electoral sudamericano que comenzó en 2007 con la primera elección de Cristina Fernández de Kirchner [1]. Desde entonces, como resultado de la consolidación democrática en la región, hemos presenciado 28 elecciones presidenciales, incluyendo ambas vueltas electorales pero no primarias. Ante el término de un nuevo ciclo, parece interesante realizar el ejercicio de resumir sus principales conclusiones.

En primer lugar, los resultados favorecen a los incumbentes. Es decir, la continuidad político-ideológica supera la alternativa de cambio. Entre 2009 y 2014, el 71.4% de triunfos corresponden a candidatos y/o partidos de continuidad. Por lo tanto, si las elecciones sirven como un barómetro para medir desempeño gubernamental, los resultados indican que los electores han premiado a sus gobernantes (que también se ven favorecidos por la disponibilidad de recursos y la visibilidad del cargo). Las diferencias mencionadas permiten analizar con mayor profundidad los casos en que hay alternancia de gobierno, producto del triunfo de un candidato desafiante. Durante el período de tiempo señalado, los casos corresponden a Chile (2009/10 y 2013), Perú (2011) y Paraguay (2008 & 2013). Sin embargo, es necesario recordar que en Chile Bachelet había sido presidenta y que el cambio de Paraguay en 2013 no fue normal, producto del juicio político a Lugo.

Segundo, la transferencia de poder entre fuerzas incumbentes no es uniforme. Al contrario, presentan variaciones relevantes a considerar, reflejo de la heterogeneidad política en la región. Hay sucesiones programáticas con alternancia de candidatos, como el Frente Amplio en Uruguay y el Partido de los Trabajadores en Brasil. Pero también hay fuerzas políticas que todavía no se enfrentan a la prueba de competir sin sus líderes emblemáticos (MAS en Bolivia y Alianza PAIS en Ecuador), donde el actual escenario venezolano ejemplifica lo difícil que puede llegar a ser. A su vez, se pueden identificar híbridos, que presentan características programáticas y carismáticas, como el Kirchnerismo y las sucesiones en Colombia.

En tercer lugar, el hecho que los incumbentes tiendan a triunfar más no implica, necesariamente, la ausencia de competencia. El 57.1% de los incumbentes triunfa en segunda vuelta [2], mientras que el 42.9% lo hace en primera ronda [3]. El resultado depende de la existencia de una oposición constante en el tiempo y articulada en la esfera electoral. Neves (PSDB) y Silva (PSB) dificultaron la reelección de Rousseff, mientras que el Partido Nacional, si bien distante, continua presionando al Frente Amplio en Uruguay. Por su parte, la volatilidad en Perú le otorga mayor aleatoriedad al proceso, mientras que las divisiones en la oposición venezolana han facilitado la dispersión a favor del chavismo.

Por último, las diferencias en materia de participación electoral son evidentes. De acuerdo a los datos del Institute for Democracy and Electoral Assistance (IDEA), la población en edad de votar acude más a las urnas en países con voto obligatorio [4] que en aquellos con voto voluntario [5], con un promedio de 78.2% y 61.1%, respectivamente. Las diferencias serían más acentuadas si los dos casos que mayor difieren en sus respectivas categorías –Paraguay con voto obligatorio y baja participación y Venezuela, con voto voluntario y alta participación– no fueran tan significativas. Es un hecho preocupante que el 44.9% de la población haya votado en la última elección presidencial de Colombia, y que 45.7% lo haya hecho en la más reciente de Chile.

El ciclo electoral deja varias lecciones. La principal es que la mayoría de los gobiernos regionales han logrado perpetuarse democráticamente en el poder. Sin embargo, lo han hecho con variación respecto al tipo de vínculos político-programáticos. Es decir, hay sucesiones que están más institucionalizadas que otras. La existencia de una oposición articulada parece ser una variable clave para entender su configuración, mientras que las diferencias en materia de participación -esencial para legitimar el sistema- han resultado en la reapertura del debate del voto obligatorio en Colombia y Chile. Por su parte, es importante tener en mente que el ciclo que termina ocurrió -todavía se perciben algunos efectos- durante un período de crecimiento económico. Habrá que ver la forma en que se desenvuelven los gobiernos y sus apoyos ante escenarios económicos más adversos. Hasta entonces, los resultados indican que los incumbentes han llegado para quedarse.

[1] Fecha seleccionada porque permite contar con un mínimo de dos elecciones por país.
[2] Brasil (2010 & 2014), Colombia (2010 & 2014) & Uruguay (2009 & 2014).
[3] Argentina (2007 & 2011), Bolivia (2009 & 2014), Ecuador (2009 & 2013), Venezuela (2012 & 2013).
[4] Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay.
[5] Chile, Colombia y Venezuela.